miércoles, 25 de noviembre de 2009

La verdadera historia de Babel

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Que la torre alumbraría el ocaso de la comunicación humana venía anunciándose desde hace tiempo.

El Político que ordenó construirla estaba, de hecho, lleno de redundancias, duplicante reiteraba su insistencia:

- Lo vuelvo a repetir, estará acabada para la procesión de marzo -. Solía decir.

Y se volvía como el ajo.

- Desde el punto de vista democrático, la mitad de sus palabras sobraban y en la otra mitad gobernaba la mentira-. Opinaba, como yo, la primera persona del Vecino que siempre hablaba en singular.

El Arquitecto encargado de diseñar la torre era incapaz de acabar las frases, si, vacilaba, vacilaba siempre, en el abismo… de las preposiciones, y una conjunción bastaba para distraerle los finales y… y eso.

Ante tal desmán de verbalidades un Profeta

que hubiera sido poeta

si no fuera por sus rimas de trompeta,

iba sembrando gerundios e hipótesis de cataclismo con el dardo de su subjuntivo.

(El Albañil no más se quedó mudo).

Y el sumario declaró culpable a la torre de agramaticalidad involuntaria.

- Era incorrecto y nosotros sin saberlo - afirmaron todos.

A lo que el juez respondió- Hay que conocer la norma aunque sea para quebrantarla.

Del juicio se hicieron eco los titulares de los periódicos con tilde diacrónica. Y fue así que surgió y se difundió la incomunicación humana verdadera, que es cuando no se entienden dos personas que hablan en el mismo idioma.

-Yo lo ví con mis propios ojos - dije yo con mi propia boca.

1 comentarios:

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ruben dijo...

no solo las reglas de la gramtica estan para quebrantarlas
lo mas exitante es quebrar las reglas de la vida

 
 

Diseñado por: Compartidísimo
Con imágenes de: Scrappingmar©

 
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