martes, 6 de enero de 2009

El tabloide

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Nunca nadie se sintió tan importante como él esa mañana. Los madrugadores reticentes detenían sus prisas para contemplarlo.

No era para menos: Obama, recién electo. Y él, triunfante, lo lucía en su portada.

Era la comidilla del barrio, discutido y disputado. Arrebatado de unas manos a otras.
Fue tras unas horas cuando -algún cliente apresurado- lo dejó olvidado sobre la barra, junto a una taza de café vacía.

Lo mancilló primero una niña, que para hacerse un sombrero pirata, arrancó la sección de economía.
Un anciano, después, durante la partida de cartas, escurrió en él la lluvia de su paraguas.

A la hora de cerrar, esa misma tarde, el camarero barría los escombros. Rescató unas pocas hojas que habían engullido las cerdas del cepillo y pensó en reciclarlas. Fue entonces que observó un aura de grandeza maculada. Algo como un prestigio moteado que emanaba del diario le disuadió de hacerlo.

 Acabó, años más tarde, sirviendo de aislante en una caja de cebollas.

1 comentarios:

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Pilar dijo...

Así es, pasó de ser el deseado a ser uno más. Es algo negativo? no, es sencillamente un mundo loco de insensatos

 
 

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Con imágenes de: Scrappingmar©

 
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