miércoles, 18 de febrero de 2009

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Érase una vez un campo, en la década de los cuarenta, donde la gente podía ir a vivir sin pagar una hipoteca. Lucían verdes los jardines delanteros y la nieve vestía la llanura de su frescor azucarado durante el invierno. Cada día, desde el horizonte, se divisaba silbante un ferrocarril transportando nuevos inquilinos a las puertas del terreno. En la encrucijada de dos caudalosos ríos, la constructora alemana había levantado casitas de arcilla roja donde habitaban reunidas las familias. La urbanización tenía baños - pocos, pero menos es nada - y seis enormes cocinas funcionando noche y día a todo gas...

 Todavía hay quien dice que lo de Auschwitz fue un cuento no recomendado a menores de 18. Eso debieron pensar los gobiernos de la época, que se cruzaron de brazos a sabiendas de la hecatombe humana que estaba produciéndose.
 - un MISTERIO - asevera la guía turística, que no osa decir VERGÜENZA a riesgo de parecer indecorosa o políticamente incorrecta.

 un MISTERIO es saber QUIÉN nos roba las palabras...

2 comentarios:

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Pilar dijo...

Y los suenhos? que o quien hace que dejemos de sonhar o de creer que podemos hacerlo?

Caroline dijo...

Los codificadores de sueños, que son los mismos que los codificadores de palabras: los mass media, hollywood.. trajes de chaqueta que dirigen monopolios de "desinformación" y "despectáculo" ayudados por la inercia ciudadana. Ellos se encargan de soñar por nosotros y desplegar el catálogo de opiniones a la carta.
Perdón, por algunos de nosostros :)

 
 

Diseñado por: Compartidísimo
Con imágenes de: Scrappingmar©

 
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